Una visita a Grasse (II)

Los extraordinarios aromas de Grasse, especialmente el de la rosa centifólia y el del jazmín, así como el del azahar salvaje, el mirto y el de la mimosa la convirtieron  en la capital mundial del perfume.

Pero fue especialmente el jazmín el que concentró un mayor volumen de mano de obra  en la población. Debe ser tenido en cuenta que la extracción de su perfume es una labor harto delicada: deben recogerse las flores al amanecer, cuando su perfume es más intenso, y una vez recogidas, es necesario tratarlas inmediatamente por maceración.

Esto y mucho más lo aprendí en la visita que realicé a la fábrica Fragonard de Grasse. Perfumes Fragonard nació en 1926 gracias a la iniciativa d’Eugène Fuchs que como homenaje a la ciudad que le acogía a él y a su incipiente negocio, lo bautizó con el nombre del hijo más ilustre del lugar, el gran pintor Jean-Honoré Fragonard.

Años más tarde, Jean-François Costa emprendió la modernización de la empresa y posibilitó el nacimiento del Museo del Perfume de Grasse que acoge, entre otras interesantes piezas históricas, el neceser de mano de la reina Maria Antonieta que, sea dicho de paso, pesa unos 40 quilos.

En Fragonard, pude asistir al proceso de elaboración de perfumes y jabones; pude ver muy de cerca un órgano de perfumes y, evidentemente, visité su más que bien surtida boutique donde se ofrecen al visitante toda clase de productos perfumadísimos. ¡Qué tentación!

La visita al Museo y a algunas de las tiendas artesanales de perfumes que proliferan en Grasse, así como  a algunas encantadoras  poblaciones de los alrededores a las que se llega siguiendo pequeñas carreteras pintadas con el  color lila de la lavanda, cerraron un maravillosos viaje y dieron pie al inicio de una novela.

Aunque no tengáis intención de escribir ninguna novela, os recomiendo que visitéis Grasse. No os vais a arrepentir.