NÚRIA PRADAS

Me llamo Núria Pradas y soy escritora

Hasta bien entrados los treinta no supe que quería ser escritora. Yo lo que quería ser desde mi más tierna infancia era maestra. Y lo fui. Y durante muchos años. Enseñé Lengua y Literatura catalanas a los jóvenes porqué la literatura ha sido una pasión para mí y la lectura me ha acompañado siempre.

En la escuela Mestral, donde trabajé durante más de veinte años, formé y dirigí un pequeño grupo de teatro. Y gracias a él, y sin casi darme cuenta, empecé a escribir. Primero fueron obras de teatro. Después me picó la curiosidad y probé a escribir una novela. Y después otra. Y otra… Y ya no he parado de escribir. A veces he oído decir que la escritura es adictiva. Lo corroboro.

Han pasado ya veinte años desde aquella primera novela. Durante estos años, he escrito para los más pequeños, para adolescentes y para jóvenes. También, más recientemente, para adultos.

A pesar de todo, para mí, escribir no es un acto enteramente altruista y generoso. Y es que escribir hace que me sienta libre. Me hace reflexionar y me facilita la comprensión, un poco por lo menos, del mundo donde vivimos. En fin, que me permite entenderme a mí misma. Por lo tanto, escribo para los demás, pero también para mí. Y si de algo estoy absolutamente segura en esta vida, es de que no puedo parar de escribir.

Nací un uno de septiembre en Barcelona, concretamente en el barrio de Poblenou, al lado del mar. Mi padre, Josep Pradas, había nacido en el barrio. Mi madre, María Luisa Andreu, había dado muchas vueltas desde su más tierna infancia. Había vivido exilio y separaciones familiares causadas por la guerra. Afortunadamente, su vida se encauzó por caminos más llanos, acabó viviendo en el barrio, conoció a mi padre y , por suerte, mi hermano Jordi y yo pudimos llegar a este mundo.

A veces me preguntan que por qué escribo. Me parece que es porqué me gusta escuchar y contar historias y, claro está, pienso que a los demás también les gusta escucharlas y leerlas.

Me casé por primera vez muy joven; solo tenía 21 años. Trabajaba, estudiaba y intentaba aprender a vivir. Y en medio de todo este lío nacieron Laia y Oriol.

El país estaba viviendo la transición y los jóvenes la mirábamos con esperanza. Madre de dos hijos, no sin dificultades, acabé la carrera de Filología Catalana. Corría el año 1980. Resultó que la lengua catalana, que tanto se había intentado silenciar, resurgía con fuerza. Se necesitaba profesorado. No me faltó nunca el trabajo. Y después de recorrer la geografía catalana arriba y abajo, fui a parar a la escuela Mestral de Sant Feliu de Llobregat en donde impartiría lengua y literatura catalanas durante 23 años.

Mi vida entraba en una cierta estabilidad profesional. Pero en lo personal, fueron años de dificultades. Me separé y fui a vivir a Sant Feliu con mis dos hijos que también se educaban en la escuela Mestral.

Precisamente allí, en Sant Feliu, empecé en el teatro amateur. Primero con el TEI de Sant Feliu, un grupo de abnegados y convencidos teatreros. Con ellos tanto me tocaba cargar la furgoneta con los decorados, como corregir textos, actuar o maquillar. Nos divertíamos y nos atrevíamos con todo, desde un Shakespeare a un autor emergente y desconocido. Llevé ese entusiasmo teatral a la escuela. Una experiencia sin duda enriquecedora e inolvidable. Y para esos alumnos que, como yo, se entusiasmaban con el teatro, escribí por vez primera.

1994. Con ganas de probar, por curiosidad, creí llegado el momento de emprenderla con la primera novela. Se tituló Sol d’hivern y la publicó Editorial Baula. En aquellos momentos, yo ya tenía una nueva pareja y esperaba a mi hija Claudia. Y esa vocación que debía vivir latente en mí, despertó. Ya no he parado nunca de escribir. Al principio, intenté compaginar mis dos pasiones: enseñanza y escritura. Pero , poco a poco, fui viendo que deseaba caminar hacia una profesionalización como escritora. Creí llegado el momento de cerrar una etapa y abrir otra. Y fue así como dejé las aulas para intentar vivir de la escritura.

Ha habido momentos importantes para mí durante estos años. Momentos sencillos y anónimos de encuentros escolares con los jóvenes y pequeños lectores; momentos de experiencias lectoras compartidas. Momentos divertidos, a veces; emocionantes, otras. Y también ha habido momentos públicos, como el de la concesión del premio Carlemany, en 2012. Y hago referencia a ese premio porqué gracias a él empezó una nueva etapa en mi carrera: la de escritora de libros para un público adulto. No tengo muy claro por qué nunca antes había escrito novela para adultos. Quizás simplemente porqué no había sentido la necesidad de hacerlo. Lo único que sé con certeza es que he entrado en este nuevo mundo literario con entusiasmo y que a partir de la publicación de La Noia de la Biblioteca, una nueva etapa se ha abierto para mí.

Actualmente, vivo en un pequeño pueblo del Baix Llobregat, Sant Esteve Sesrovires, al pie de la montaña de Montserrat. Desde el mar de mi infancia a la montaña de la madurez. ¡Así es la vida!